¿Qué nos hace enfermar?

Los vínculos, conscientes e inconscientes, que mantenemos con los miembros de nuestro Sistema Familiar nos provocan la necesidad de sujetar y mantener a los anteriores para que se queden, o, si ya murieron, de seguirlos.

El sentimiento de culpa que nos acecha cada vez que nos sentimos en situación de ventaja frente a miembros de nuestra familia es tenido muy en cuenta por el amor que mantenemos con la comunidad familiar. Nace la necesidad imperiosa de equilibrar la desdicha, en uno mismo,  si otro miembro del sistema familiar fue desdichado.

Estas “necesidades” se materializan a través de diferentes síntomas. Así, a menudo, se concreta con la propia enfermedad.

Y puesto que los más pequeños son los que están al servicio de sus mayores, es a ellos a los que va dirigida la función de mostrar el sufrimiento del otro a través de ellos mismos y la enfermedad.

“Cuando alguien cae enfermo o contrae una culpa, una persona sana o inocente también enferma o se hace culpable:y cuando una persona querida muere, otra persona próxima a ella desea morir también.(…) Se intenta pagar  la salvación de otros con la desgracia propia; la curación de otros, con la propia enfermedad; la inocencia de otros con la culpa o la expiación propias; y la vida de otros, con la propia muerte” Bert Helllinger

Cada vez que un miembro en la familia es excluído, un descendiente se hará cargo de mostrarlo a través de la imitación o participación de su destino.

La enfermedad se convierte en el camino de vuelta a casa.

Se trata de un intento de reincluir lo que quedó olvidado y ordenar lo desordenado.

De manera que, los síntomas que manifestamos son señales de desórdenes anteriores que piden ser resueltos y que la persona muestra como intento de reincluir lo que quedó fuera del sistema. Internamente esconde frases del tipo “Mejor que sea yo antes que tú”  si es dicha al excluido, “Te sigo en la enfermedad” para alguien enfermo en la familia , “Te sigo en la muerte” cuando va dirigida a un ser querido muerto,  ó “Pago por tí” en el caso del excluidor.

La enfermedad se mostrará  como la metafóra de ese desorden que necesista ser comprendido para alcanzar la inclusión y liberar a la persona de esa carga.

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