ACEPTAR TODAS NUESTRAS CARAS

Photo credit: Shandi-lee / Foter / CC BY-NC-ND

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Cada persona es el resultado único de la suma de todas sus partes. Aunque nos gusten mucho más las flores que las raíces de un árbol no podemos negar que ese ser vivo está compuesto por cada elemento y que justamente la suma de cada uno de ellos son los que lo conforman.

Muchas veces sólo queremos mostrar al mundo nuestra parte florida (alegría, éxito, paciencia, tolerancia…) y esconder en cajones de cemento armado la otra parte que tanto nos disgusta y/o avergüenza (tristeza, fracaso, impaciencia, intolerancia…).

Pero, ¿es posible que exista el día sin la noche?, ¿el calor sin el frio?, incluso ¿la vida sin la muerte? En este punto casi todo el mundo estará de acuerdo en que la respuesta es un NO. Entonces, ¿qué nos hace pensar que debemos ser o mostrar sólo una parte de nosotros mismos?

En todas las familias ha habido emociones y sentimientos que han sido censurados. “Llorar es de cobardes”, “La agresividad es cosa de hombres” ,”En esta familia los débiles no tienen cabida”, etc. Ningún niño hará nada que vaya en contra de lo que le permite asegurar  su pertenencia en la familia. La necesidad de formar parte y sentirse querido por mamá y papá se encuentra por encima de cualquier otra cosa.

Absolutamente todo lo que observamos en la vida cobra sentido y fuerza al lado de su opuesto. Una persona que en contadas ocasiones experimenta una emoción, sea ésta la que sea, se encuentra disociada de sí misma.

Si una persona no muestra  todas sus caras podríamos decir que esa persona se encuentra “a medias” y todo en su vida será un círculo a medio cerrar.

Cuando rechazo algo de mi mismo lo que provoco es que ese algo crezca hasta hacerse ingobernable.

Pongamos un ejemplo: ¿Qué sucede si siento rabia y no me permito mostrarla? Por un lado observamos que esa rabia no desaparece sino que  aumenta y provoca una escalada de desasosiego en la persona, enturbia sus relaciones personales más vitales y por otro lado se castiga inconscientemente llegando incluso a enfermar.

Todos somos el binomio alegría/tristeza, agresividad/ternura, lógica/emoción, sumisión/autoridad, etc.

¿Por qué quedarnos con una parte cuando nuestra perfección se basa en permitir asomar  todas?

Si estás dispuesto a recomponer tu poliedro personal estoy a tu servicio para ayudarte a conseguirlo.